sábado, 4 de enero de 2020


Suena el despertador, pero tu ya estás despierto.
La ducha está fría y lo asumes como de costumbre ya que no has comprado el gas porque hay que esperar fin de mes, así vienes hace algún tiempo... llegando a penas.
5 grados que congelan hasta los pensamientos.
Sensación térmica 0 grados.
No hay ropa comoda limpia por lo que tienes que usar esas prendas de emergencia y asumir la incomodidad de caminar con una picazón continua en tu cuello y cintura debido a las hilachas que va dejando el tiempo sobre la ropa con el uso.
Dejas la casa, pero has olvidado revisar la estufa asi que vuelves para chequear, siempre te pasa eso en invierno.
El microbús se asoma en el horizonte de la avenida, sus ventanas empañadas por el sudor de sus pasajeros vislumbra un viaje caluroso y afixiante, te sacas la bufanda y la chaqueta para hacerlo mas llevadero, sólo esperas que el taco no asfixie tu ansiedad.
Cuentas las monedas de tu bolsillo derecho y te das cuenta que te faltan 100 pesos para el pasaje, y la otra opción es un billete de 10 lukas que ningún chofer del país te va cambiar a menos que lo solicites formalmente con una reverencia estilo chupada de pico... piensas en decirle al chofer que te permita quedar al debe con esos $100 o dejarlo contra la espada y la pared ofreciendo a cambio el billete de 10 mil... lo piensas de nuevo... decides caminar y cambiar en un negocio para evitar el bochorno... ahora el problema es qué comprar.

Para aprovechar la situación pides mas pan del que necesitas, aprovechas de cubrir el desayuno y alguna merienda total $3500 pesos, 3500 putos pesos y aún siquiera has cogido el transporte público...al fondo asoma el siguiente microbus... al menos viene con un par de asientos disponibles...los más incomodos son los últimos que ocupan los pasajeros: los que están sobre las ruedas traseras, esos asientos son capaces de mermar los riñones con el tiempo y los asientos traseros... esos donde tus rodillas quedan sobre el asiento delantero y en donde con el paso del tiempo se van durmiendo las extremidades, elegí finalmente el muele riñones.

El viaje es lento, suenan bocinas a veces cerca a veces lejos, el aliento de los pasajeros se va convirtiendo en un mosaico empañando las ventanas, un olor de aliento fúnebre pasa a través de tus vellos nasales activando el nauseabundo recuerdo de tu abuelo cuando te preguntaba que le pedirías al viejito pascuero, el tiempo corre lento cuando se está sufriendo o al menos incómodo, los relojes parecen detenerse justo cuando uno quiere que pase el tiempo.

No hay más espacio en el carruaje mas el chofer sigue insistiendo, en que se corran más al fondo para dar espacio a más pasajeros, es justo para los que quieren subir e injusto para los que ya no dan mas de apretados, así como el sistema en donde la relatividad de las demandas dependen del estrato en que te encuentres pues nadie quiere dar el espacio cuando está arriba y todos quieren el espacio cuando están abajo.

Finalmente llegas a destino, somnoliento, cansado del cansancio de viajar siempre en las mismas condiciones, te sobrepones, avanzas, vale la pena a veces y otros días vale nada.

Llegas al trabajo 20 imnutos atrasado, te sientes observado como por una entidad invisible y potencialmente castigadora, es el horario, el maldito horario establecido para todas las cosas... no es tu culpa, pero ahí está...el látigo de la puntualidad... silencioso y profundo como una aguja en la sien.

Las noticias de día lunes siempre son trágicas, siempre te enteras del resumen catastrofico del fin de semana al rededor del mundo, hoy: incendios gigantescos en españa y estados unidos y un volcan en Mexico son el punto fuerte de la opinión pública.

El café se acabó hace 2 días y nadie está motivado en comprar alguno.
Los baños están ocupados la mayor parte del tiempo.































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